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Ave Maria | Canto a la Virgen María

Música: José Antonio Poblete

La obra “Ave Maria” es una musicalización de la oración del mismo nombre en su versión latina, compuesta para coro mixto y acompañada de un arreglo para cuarteto de cuerdas.

El elemento central de la composición, y al que se ordenan todos los recursos musicales y audiovisuales, es el texto. La versión actual es, en realidad, el resultado de una evolución histórica de siglos. A grandes rasgos, podemos decir que se compone de dos partes. La primera, más antigua, abre con el saludo del Ángel a María (“Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum!” (cf. Lc 1, 28), en castellano “¡Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo!”) y termina con las palabras de santa Isabel a la Virgen (“Benedicta tu in mulieribus et benedictus fructus ventris tui Iesus” (cf. Lc 1, 42), en castellano “bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”). La segunda parte, que corresponde a un añadido posterior, es una invocación del pueblo cristiano que, reconociendo a la Santísima Virgen como Madre de Dios, implora con humildad su auxilio en la hora presente y su asistencia maternal en la hora de la muerte (“Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis pecatoribus, nunc et in hora mortis nostrae. Amen”, en castellano “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”).

El Avemaría es, sin duda, la oración a María más conocida, la más rezada y la más querida por todos los cristianos. Ella hace presente, con delicada belleza y sencillez, uno de los misterios más profundos de nuestra fe: la Encarnación del Hijo de Dios. El Avemaría nos remite una y otra vez a ese momento crucial en la historia de la salvación, a la plenitud de los tiempos, al cumplimiento de las promesas por parte de Dios al pueblo de Israel. Nos ubica en el punto en el que Dios descubrió, en las palabras del Ángel, el velo que escondía su más secreto designio de salvación, a saber, que Él mismo habría de asumir nuestra humanidad, herida por el pecado original, para redimirla, sanarla y elevarla a un nuevo orden, de modo que todo el que quedase asociado a la humanidad de Cristo por la fe, pudiese tomar parte en esta nueva vida.

Si bien el Avemaria se orienta al misterio de la Encarnación del Verbo, lo hace a través de una suerte de “prisma” particular, que es la persona de la Virgen María. Todas las palabras referidas a Ella nos remiten inmediatamente a Cristo y al misterio de su Encarnación. Esta aproximación mariana no puede menos que teñir de ternura y belleza indescriptibles a toda la oración. Miramos, sí, el misterio de la Encarnación. Pero lo miramos en y a través de los ojos de María, Madre de Dios y Madre nuestra. Este consorcio entre la Madre y el Hijo, inseparables por designio divino, es la razón de que el Avemaría, por la ternura y la confianza que inspira, se haya convertido en la más entrañable de las plegarias marianas. Ella es la primera oración que aprendemos de nuestros padres, la que adorna y corona nuestras celebraciones litúrgicas, la que acompaña las despedidas de nuestros difuntos, el gemido que sube por instinto a nuestros labios en los momentos de tribulación y dolor. Ella es el elemento más característico y predominante del Santo Rosario, tan querido y rezado por el pueblo cristiano. De hecho, el Rosario participa de la misma lógica que el Avemaría, pues en él los misterios de la vida de Cristo se contemplan sobre el transfondo del Avemaría, invitando así a mirarlos y recorrerlos de la mano de María y como bajo el influjo de la experiencia que Ella misma tuvo de ellos.

La obra que hoy se estrena, se ordena al mismo propósito del Rosario: a la contemplación de la vida de Cristo con los ojos y el Corazón Inmaculado de María. Su melodía es, pues, sencilla y tierna, y la sucesión de las frases musicales, tranquila y ajena a toda estridencia, como el “susurro de una brisa suave” que favorece el encuentro íntimo y transformador con la Palabra de Dios, Jesucristo, Nuestro Dios y Señor  (Cf. 1R 19, 12). Se trata de una composición sin solistas, para resaltar el rasgo comunitario del Avemaría, tal y como lo expresa el texto de su segunda parte (“… ruega por nosotros, pecadores”). Asimismo, el acompañamiento de cuerdas, obra del compositor Juan Guillermo Negrete, hace las veces de sustento y realce de las voces y, de este modo, del texto de la oración.

Los invitamos, pues, a escuchar esta obra con un espíritu de oración y contemplación, imitando, en la sucesión de notas y palabras, a María, que acogió en su seno virginal con suma generosidad a la Palabra de Dios, Jesucristo, cuando respondió al ángel Gabriel: “He aquí la esclava del Señor: que se haga en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).

Ave Maria | Canto a la Virgen María

Ave Maria,

grátia plena,

Dóminus tecum,

Ave Maria.

Benedícta tu in muliéribus,

et benedíctus

fructus ventris tui, Iesus.

Sancta María,

Mater Dei,

ora pro nobis

peccatóribus,

nunc et in hora

mortis nostrae.

nunc et in hora

mortis nostrae.

Amen.
 
 

Partituras, letra, acordes y audios de cada voz de «Ave Maria»: Haz click aquí

José Antonio Poblete

José Antonio Poblete

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