
Agosto, 2025
Texto y música: José Antonio Poblete
San Lorenzo, patrono de los mineros
La minería es la principal actividad económica de Chile. De norte a sur, el minero encomienda su labor bajo la protección de san Lorenzo, diácono y mártir de la Iglesia.
San Lorenzo es considerado el patrono de los mineros y su imagen es venerada por trabajadores de toda la industria. Su devoción presenta una fuerte conexión entre la religión católica y la minería, donde la seguridad y la salud en el trabajo son una constante preocupación. La figura del santo representa la solidaridad y camaradería entre los trabajadores de las minas, que se unen para celebrar su festividad todos los años durante el mes de agosto. Allí se realizan procesiones, misas y grandes festejos en un grato ambiente de fraternidad. En esta producción audiovisual han participado muchas personas ligadas a la familia minera.
La composición del himno a san Lorenzo
La Fundación Canto Católico ha decidido regalarle a Chile un himno dedicado a san Lorenzo, enseñando esta devoción al mundo entero. Su versión original fue compuesta por el chileno José Antonio Poblete Laval, quien buscó dar a conocer la figura del santo en cada verso. Por eso, a fin de expresar mejor la letra y considerando los contrastes sonoros, se estimó conveniente que el arreglo musical tuviera una orquesta sinfónica en su composición. Se podría decir que el himno a san Lorenzo posee las características de un canto procesional. Se trata de una obra pensada para congregar a las personas en torno a la festividad del santo.
El himno comienza con una introducción que toma la línea melódica de la estrofa y, por medio de un movimiento acelerado y ascendente de las notas musicales en las cuerdas, la combina con la melodía del final del estribillo. Durante este momento es posible observar que las familias de la orquesta se van sumando poco a poco: comienzan las cuerdas, luego las maderas, después los bronces y finalmente las percusiones.
La primera estrofa comienza con un llamado de atención: el coro canta, al unísono, “Hasta el altar del mártir san Lorenzo”. Las gracias que este gran santo ha obtenido de Dios no han sido olvidadas. Por eso, el canto inicia invitando al pueblo a unirse a las plegarias que por su intercesión piden el auxilio divino. La música acompaña estas palabras haciendo que distintos instrumentos vayan tomando la línea melódica de la voz cantante. Comienza con el oboe, luego con el corno inglés y finalmente con el clarinete.
El estribillo, de carácter jubiloso, ensalza las bondades de san Lorenzo. Él es guardián de los tesoros de Dios, bondadoso con el pobre, vencedor al fuego de su martirio, cantor sereno. En toda esta sección es posible observar cómo la orquesta va colorando delicadamente cada parte del texto. Se crea un contraste entre la tensión y el reposo, realzando la nobleza del mártir.
La segunda estrofa y el segundo estribillo son de un tinte más íntimo. En la estrofa, la gran orquesta calla para dar paso a un coro que canta sostenido solamente por los cornos. Las líneas van siendo tocadas por el oboe, el clarinete y la flauta. Aquí se le pide al santo que atienda la humilde oración de los fieles y que interceda para que alcancemos el perdón de Dios y el alivio en la tristeza.
Antes de pasar al estribillo, los bronces tocan un ritmo característico de la antigüedad, similar al que se utilizaba cuando se presentaba alguien importante ante un rey o un emperador. Sin embargo, luego se vuelve a la intimidad gracias a la sección de cuerdas que sostiene al estribillo. En él le canta con dulzura a san Lorenzo, mostrando una relación bien familiar que lo recuerda con cariño y devoción.
Al pasar a la tercera estrofa, el canto adquiere un carácter marcial. El uso de las percusiones y las intervenciones de los bronces hacen que se vuelva una sección gloriosa. Es posible observar un movimiento peculiar en las maderas que hacen alusión a las llamas que debió enfrentar el santo en su martirio. El texto de la tercera parte da cuenta del viaje que hace el minero cada vez que se somete al duro trabajo. Dejando a su familia y abandonándose al patrocinio de san Lorenzo, se dirige a trabajar con seguridad para luego volver sin novedad a su hogar.
El tercer estribillo es reforzado por la orquesta que suena en su máximo esplendor. Finalmente, la obra termina con una sección que toma el elemento rítmico que la caracteriza: La orquesta va callando poco a poco, hasta terminar con las maderas que aluden al martirio
La música al servicio del texto
En el himno a san Lorenzo, la música se puso al servicio del texto para que pudiera entenderse con claridad cada línea del mismo. El trabajo de orquestación fue muy delicado en este aspecto. Esperamos que sea de su pleno agrado y que el presente canto pueda dar gloria a Dios acercando a otros a la figura de este gran santo de la Iglesia Católica. Pidámosle a san Lorenzo que interceda por nosotros ante nuestro Señor Jesucristo.
Hasta el altar del mártir san Lorenzo
suban los ruegos y cánticos del pueblo
que no ha olvidado su eterno patrocinio
y a Él, con fe, retorna por su auxilio.
Salve guardián de los tesoros de Dios
que al pobre cubriste con un manto de honor
Y al fuego venciste, cantando al Señor
el canto sereno de los hijos de Dios
el canto sereno de los hijos de Dios.
Atiende hoy, oh mártir san Lorenzo,
las oraciones que humildes te ofrecemos
con la esperanza de hallar por tu clemencia
perdón de Dios y alivio en nuestras penas.
Al emprender el viaje, san Lorenzo,
A ti confiamos la guarda de los nuestros
y pues te han hecho custodio del minero
sé tú la luz que alumbre su regreso.