La oración | Te suplicamos Señor

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La oración | Te suplicamos Señor | Música católica

Letra: Esteban Gumucio
Música: Andrés Opazo
Adaptación y arreglos: Canto Católico.

La fundación Canto Católico ha querido realizar un aporte ante la crisis que está viviendo la sociedad chilena. Pensamos que la clave para entender lo que está ocurriendo, y para encontrar un camino de paz y de justicia, sólo puede encontrarse y obtenerse de Dios. Por eso creemos que la oración tiene un rol crucial. Por una parte, porque en ella presentamos nuestros sufrimientos y esperanzas a Aquél que todo lo puede, el único capaz de poner verdadero remedio a todo dolor y de traer al mundo la verdadera justicia. Y por otra, porque en la oración recibimos la gracia necesaria para poder comprender con hondura la realidad, al hacer nuestros los ojos de Jesús, su mirada y su criterio.

“La oración” es una de las obras maestras de la música católica chilena. La letra fue escrita por el sacerdote Esteban Gumucio ss.cc. -hoy Siervo de Dios- y fue musicalizada por Andrés Opazo, del conjunto Los Perales. El texto aborda con gran sensibilidad el sufrimiento cotidiano de hombres y mujeres, el cual es presentado a Dios con apremiante súplica. De este modo, el texto es más que una letra de canción: se trata de una verdadera oración de intercesión por las necesidades concretas de cada persona.

La frase final de la canción: “Tú, Señor, que puedes esto y mucho más todavía, / recibe nuestra alabanza por Jesús y con María” es cantada con mucha frecuencia en la iglesia chilena al final de la oración universal, para expresar la confianza con la cual nos acercamos al Señor a pedirle por nuestras necesidades.

El arreglo de la versión que estamos presentando es principalmente un arreglo coral para voces mixtas, que en esta ocasión ha sido acompañado por una guitarra a partir de la primera estrofa, y también por un cello en la tercera estrofa. La letra y la melodía están basadas íntegramente en la versión original de Los Perales. Se ha respetado la mayor parte de la rítmica original, tratando de mantener su espíritu melódico. No obstante, se han hecho algunos cambios considerando las necesidades del formato coral. En cuanto a la armonía, esta versión rescata las cadencias de la versión original, pero también se aparta sutilmente en algunos compases.

El arreglo comienza con una introducción original, que no pertenece a la versión de Los Perales. Consiste en un trozo contrapuntístico de “Ahs”, que expresa un lamento profundo, desgarrador y múltiple, en el cual se reflejan los sufrimientos que luego serán presentados al Señor. No puedo dejar de pensar en el dolor y las angustias de miles de chilenos -de todas las condiciones, sufrimientos que se han vuelto claramente visibles durante las últimas semanas.

Empieza la primera estrofa a cargo de los varones, quienes con su voz grave resaltan la hondura desde la cual brota la oración: “Te suplicamos, Señor, que manifiestes tu bondad”. Cuando ya no hay más qué hacer, el ser humano levanta los ojos y se dirige a Aquél que todo lo puede y que tiene compasión por todos (Sab 11, 23). Luego se suman las mujeres, formándose un coro mixto que universaliza la resonancia de la súplica: “salva a todos cuantos sufren la mentira y la maldad”. En adelante continúa el coro mixto pidiendo al Señor por diferentes situaciones, enfatizando de manera diversa cada una de ellas. Por ejemplo, “Ten piedad de los humildes y a los caídos levanta”, es cantado con poca intensidad, como tratando de reflejar la pequeñez de los humildes y caídos.

La segunda estrofa comienza con la súplica: “A la mujer afligida dale salud y reposo”, que es representada por las voces femeninas, con delicadeza y sensibilidad. Contrasta con las voces masculinas, quienes piden “un buen hijo generoso” para “la madre abandonada”. Luego se juntan las voces para seguir pidiendo por diferentes situaciones; por ejemplo, cuando se menciona “al vagabundo que pasa”, los tenores entonan una frase musical que sugiere cierto movimiento deambulante. Si bien cada una de estas peticiones es concreta y apunta a una situación en particular, en su conjunto se puede entender que en realidad representan la totalidad de las situaciones de sufrimiento humano. Incluso se pide por el “rico”, que encuentra en la contemplación de la cruz y en la generosidad con sus hermanos un camino para no dejarse atrapar por la codicia y así pasar por el ojo de la aguja que conduce al Reino de los Cielos (Mt 19, 23).

La tercera estrofa sigue el mismo programa de la primera. La progresión desde un canto masculino a un canto mixto permite darle sentido musical a la única frase que explícitamente pide por todos: “y a todos, tu caridad”. La poesía de Esteban Gumucio empalma aquí con la oración del Padre Nuestro, pidiendo prestados dos versos: “Venga a nosotros tu Reino. Perdona nuestros pecados”, los cuales también son cantados con humildad.

Los versos finales, que son los más conocidos, son cantados a unísono en la primera mitad, como invitando a todas las personas que conocen la canción a unirse en una sola voz: “Tú, Señor, que puedes esto y mucho más todavía”. Esta frase invita a la esperanza, porque nos recuerda que no hay nada imposible para Dios (Lc 1, 37), y que Él puede hacer cosas aún más grandes que todo lo imaginable (Jn 1, 50). Se convierte así en una gran invitación a confiar en el Señor, especialmente en los momentos de crisis.

La última frase es cantada a cuatro voces, como representando al “nosotros” que hace aparición en la letra: “recibe nuestra alabanza por Jesús y con María”. Esta última invocación se repite con ligeras variaciones y con un gran ritardando, que permite darle gran expresividad a la alabanza con la cual se cierra este verdadero “petitorio” dirigido con respeto al Señor. La súplica da paso a la alabanza cuando el humilde contempla que el Dios al cual se dirige es más grande y poderoso que toda situación difícil, por más imposible que ésta pueda parecer.

Confiamos en el poder de la oración para obtener de Dios lo que necesitamos, y también confiamos en el poder que tiene la oración para cambiar los corazones y disponer así de mejor manera a encontrar un camino de diálogo, de esperanza y de justicia. Sólo así se engendrará la paz: «La rectitud irá delante de Él, la paz irá siguiendo sus pisadas» (Sal 85, 14).

La oración | Te suplicamos Señor

Ah,

ah,

ah, ah.

 

Te suplicamos, Señor, que manifiestes tu bondad:

salva a todos cuanto sufren la mentira y la maldad.

Ten piedad de los humildes y a los caídos levanta,

hasta el lecho del enfermo acerca tu mano santa.

Entra en la casa del pobre y haz que su rostro sonría;

para el que busca trabajo,

Tú fuerza y compañía.

 

A la mujer afligida, dale salud y reposo,

y a la madre abandonada, un buen hijo generoso.

Encuéntrale Tú el camino al hijo que huyó de casa,

al pescador perdido, al vagabundo que pasa.

Que el rico te mire en cruz y a sus hermanos regale,

que no haya odio ni envidia

entre tus hijos iguales.

 

Ah,

ah,

ah, ah.

 

Da al comerciante justicia, al poderoso humildad,

a los que sufren, paciencia y a todos tu caridad.

Venga a nosotros tu Reino. Perdona nuestros pecados

para que un día seamos con Cristo resucitados.

Tú, Señor, que puedes esto y mucho más todavía,

recibe nuestra alabanza

por Jesús y con María.

 

Recibe nuestra alabanza

por Jesús y con María.

Partituras, letra, acordes y audios de cada voz de «La oración | Te suplicamos Señor»: Haz clic aquí

Juan Pablo Rojas

Juan Pablo Rojas

Director musical | Fundación Canto Católico

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