Himno a la Virgen de Guadalupe

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Himno a la Virgen de Guadalupe | Canto a la Virgen María

La inspiración de nuestra Madre

Desde hace algunos años, Dios puso en el corazón de la Fundación Canto Católico el deseo por conocer más profundamente a la Virgen de Guadalupe. Siguiendo la perspectiva de san Juan Pablo II, quien afirmó que «América Latina, en Santa María de Guadalupe, ofrece un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada» (San Juan Pablo II, 1992, nro. 24), reconocemos que este principio también se refleja de manera significativa en el arte. A su vez, el contacto directo con nuestro público mexicano nos inspiró a emprender la composición de un canto dedicado a la Morenita, concebido para enriquecer las celebraciones litúrgicas. Este proyecto marcó el inicio de nuestra inmersión en el estudio de las apariciones de la Guadalupana y, mientras más la conocíamos, más aumentaba nuestro amor por ella.

Finalmente, llegó el día en que la Virgen misma inspiró en nuestros corazones la melodía que ella deseaba. Al comprender que era nuestra Madre la que había tomado la iniciativa y deseaba ver completado este himno, nos sumergimos en un trabajo arduo para crear una letra que fuese de su agrado. Tras seis meses de escribir, revisar, recibir comentarios y consejos, alcanzamos la forma definitiva de la canción, y con ello, nuestra alegría fue colmada.

Su estructura musical
Este canto se sustenta en una melodía sencilla, compuesta en ritmo ternario y enmarcada dentro de una octava (Do3 – Do4). Las estrofas se estructuran con seis frases anacrúsicas, casi idénticas en su aspectro rítmico, permitiendo que cada una se corresponda de manera armoniosa con cada verso. La composición consta de seis estrofas que comparten la misma melodía, armonía y ritmo. En este caso, no hay una alternancia entre estrofa y estribillo (A-B-A-B), sino una repetición constante de la misma estrofa (A-A-A…). Esta forma musical es frecuente dentro del género de los himnos, ya que estos están pensados para que la asamblea pueda aprender la melodía rápidamente y unirse fácilmente al canto.

Para evitar la monotonía, el arreglo musical ha sido fundamental. La alternancia entre los solistas, así como entre ellos y el coro, refresca significativamente la experiencia auditiva. El dinamismo del canto, junto con los interludios, la modulación tonal en la quinta estrofa y el arreglo instrumental, contribuyen a hacer que el himno resulte atractivo para los oyentes y destacan los simbolismos de la letra. La elección de una solista mexicana para entonar la estrofa que recoge las palabras de la Virgen de Guadalupe es un ejemplo de esta intencionalidad simbólica. También resulta pertinente que sea el coro quien diga, en la tercera estrofa, “te canta toda nación”, pues la polifonía permite simbolizar el conjunto de las naciones. El arreglo instrumental de la quinta estrofa, con el destacado sonido de dos flautas ejecutando semicorcheas, evoca apropiadamente la imagen del jardín sagrado y la flor, como si fuera un canto de pájaros, similar al que escuchó Juan Diego en su primera aparición de la Virgen. El arreglo minimalista en la última estrofa otorga la solemnidad suficiente como para obtener una sensación escatológica centrada en Cristo. Por último, el arreglo coral de los últimos dos versos simboliza el modo en que la luz se esparce, multiplicándose por todo el orbe, de manera análoga al mensaje de Cristo, la Luz del mundo, que se ha difundido por nuestro continente gracias a la intercesión de Santa María de Guadalupe, Patrona y Emperatriz de nuestra América.

El texto del canto

1. ¡Oh Virgen de Guadalupe!
Doncella del Tepeyac,
consuelo de nuestro llanto
y amparo ante todo mal,
protégenos con tu manto,
confórtanos con tu paz.

En esta primera estrofa, hemos procurado capturar el momento clave del inicio de la devoción a la Virgen de Guadalupe. Una hermosa doncella pisa el cerro Tepeyac y le expresa a Juan Diego su deseo de erigir «una casita» donde pueda brindar consuelo, amparo y protección a todos aquellos que lloran, se sienten indefensos o están acosados por el mal. María nos invita a ingresar confiadamente en el «hueco de su manto», donde nos resguarda con el mismo cuidado con el que una madre protege a su hijo. De este modo, busca obsequiarnos su paz, la misma que ella ha recibido de Dios y que no tiene comparación con ninguna de las tranquilidades que el mundo puede ofrecernos.

2. ¡Oh Virgen de Guadalupe!
Resuena hasta hoy tu voz
diciendo: “Hijo mío escucha
y guarda en tu corazón,
¿Acaso no soy tu madre?
No temas, aquí estoy yo”.

La segunda estrofa se centra en las palabras que más han conmovido a los fieles. Ellas están dirigidas a Juan Diego en el momento en el que éste temía por la vida de su tío. El joven creía que volver a encontrarse con la Virgen podría significar un obstáculo para conseguir la ayuda que él necesitaba. Entonces, la tradición cuenta que nuestra Señora le dijo:
“Escucha, pónlo en tu corazón, hijo mío el menor, que no es nada lo que te espantó, lo que te afligió, que no se perturbe tu rostro, tu corazón; no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad, ni cosa punzante, aflictiva. ¿no estoy aquí, yo, que soy tu madre? ¿no estás bajo mi sombra y resguardo? ¿no soy yo la fuente de tu alegría? ¿no estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿tienes necesidad de alguna otra cosa?”
La humanidad entera, desde el corazón de Juan Diego, se conmueve al experimentar a María como la madre cercana, amante y protectora que todo corazón anhela.

3. ¡Oh Virgen de Guadalupe!
Vestida del mismo sol,
envuelta de flor y canto
nos traes al Redentor.
“Dichosa serás por siempre”
te canta toda nación.

La tercera estrofa recrea la contemplación de la sagrada imagen de la Virgen de Guadalupe, que quedó impresa milagrosamente en la tilma de san Juan Diego. Este suceso ocurrió en el preciso instante en que Juan Diego entregaba al obispo las flores que María había hecho florecer en pleno invierno para probar la veracidad del mensaje de su servidor. En la imagen, ella aparece de pie delante del sol, como si estuviese vestida con sus rayos. Los estudiosos de la tilma han visto aquí una referencia directa al libro del Apocalipsis, donde se dice que “apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies” (Ap 12, 1).
“Flor y canto” es una expresión de la lengua náhuatl, en la que conversó la Virgen con san Juan Diego, que significa “verdad divina”. La flor la encontramos, por una parte, en las flores que brotan en pleno invierno para que el obispo crea. Por otra, en el vestido de María. Respecto al canto, este se entrelaza con la narración de las apariciones. Juan Diego describe haber escuchado un hermoso canto, semejante al de los pájaros, que lo guió hacia la presencia de la Virgen. La frase «Nos traes al Redentor» resuena en este contexto. Al contemplar la imagen impresa en la tilma, vemos que María lleva un cinto a la altura de su vientre, lo cual simboliza para la cosmovisión prehispánica que está embarazada, mientras que su cabello suelto denota su virginidad. Las manos unidas, interpretadas por los españoles como una actitud de oración, son percibidas por los aztecas como el anuncio de un regalo. En su conjunto, estas representaciones sugieren que esta mujer, siendo virgen y embarazada, nos obsequiará a su Hijo, el sol definitivo. Los versos finales hacen alusión al Magníficat, añadiendo un matiz adicional a esta rica narrativa.

4. ¡Oh Virgen de Guadalupe!
Maestra de humanidad
hablándole al más pequeño
nos llamas a la humildad.
Tu rostro mestizo enseña
ternura, justicia y paz.

La cuarta estrofa es la consideración de dos atributos de la Virgen de Guadalupe que la muestran como verdadera maestra de humanidad. En primer lugar, resalta su humildad, evidenciada en la elección de san Juan Diego, un indígena sin conocimientos de lectura ni escritura, como su portavoz ante el obispo. El relato de las apariciones ilustra la tristeza e inseguridad del santo frente a la incredulidad del obispo. Sin embargo, la Virgen le asegura que, a pesar de tener otros servidores, él es esencial como su mensajero.
En segundo lugar, la Virgen invoca simultáneamente la misericordia y la justicia, promoviendo así la paz. La misericordia se refleja en su mirada tierna y llena de cariño. La justicia se manifiesta en el tono mestizo de su rostro, indicando que no está abanderada ni con el español ni con el indio. De este modo, la Virgen muestra que la unión de ambos pueblos es posible, siendo nuevas creaturas en Cristo al igual que ella. Al promover la paz entre españoles e indios, la Virgen de Guadalupe logra el respeto mutuo y la unión entre estos dos pueblos.

5. ¡Oh Virgen de Guadalupe!
¡Oh Madre del Salvador!
Tu vientre, jardín sagrado,
prepara la eterna flor.
Mujer de la nueva alianza,
restaura la creación.

Esta estrofa se centra en la maternidad de María. La Virgen de Guadalupe es importante por el fruto de su vientre, el regalo que nos trae. Ella es la Madre del Salvador. Su vientre inmaculado es un jardín virgen, dedicado a Dios, en el cual se prepara lentamente la eterna flor: Jesucristo. La santísima Virgen es la mujer de la nueva alianza, pues nos trae a Cristo, cuya sangre derramada es la alianza nueva y eterna (cf. Lc 22, 20). Como nueva Eva, María, a través de su Hijo, el nuevo Adán, participa en la restauración completa de la creación, reordenando todas las cosas conforme al plan divino.

6. ¡Oh Virgen de Guadalupe!
Aurora del Nuevo Sol,
alumbra nuestro camino
mostrando en tu resplandor
la Luz que no tiene ocaso,
Jesús, nuestro Redentor.

La estrofa final resalta el papel de Cristo en el misterio mariano. La Virgen de Guadalupe es aurora del nuevo sol porque anticipa la luz de su Hijo, el Sol definitivo y sin ocaso que liberó a los aztecas de la pesada creencia que tenían. Ellos pensaban que, si no sacrificaban los corazones enemigos, el sol podría acabarse para siempre. María nos indica el camino al cielo y nos muestra, en su resplandor, una luz que no proviene de ella, sino de Jesús, el sol que nace de lo alto (cf. Lc 1, 78). Él es la verdadera luz que no tiene fin e ilumina todas nuestras oscuridades. De este modo, el canto termina contemplando a Cristo Jesús, el regalo que porta la Virgen en su vientre, a quien adoramos y reverenciamos junto a ella.

Pidámosle a santa María de Guadalupe que siga regalándonos a su hijo, que sepamos recibirlo en el corazón y así nos convierta en otros “Juan Diego” que den a conocer a sus hermanos las maravillas de Dios.

Himno a la Virgen de Guadalupe

Música: Juan Pablo Rojas
Texto: Juan Pablo Rojas

1. Oh Virgen de Guadalupe,
doncella del Tepeyac,
consuelo de nuestro llanto
y amparo ante todo mal:
protégenos con tu manto,
confórtanos con tu paz.

2. Oh Virgen de Guadalupe,
resuena hasta hoy tu voz
diciendo: «Hijo mío, escucha
y guarda en tu corazón
¿Acaso no soy tu madre?
No temas, aquí estoy yo»

3. Oh Virgen de Guadalupe,
vestida del mismo sol,
envuelta de flor y canto
nos traes al Redentor.
«Dichosa serás por siempre»
te canta toda nación.

4. Oh Virgen de Guadalupe,
Maestra de Humanidad:
hablándole al más pequeño
invitas a la humildad,
tu rostro mestizo enseña
ternura, justicia y paz.

5. Oh Virgen de Guadalupe,
Oh Madre del Salvador,
tu vientre, jardín sagrado,
prepara la eterna flor.
Mujer de la nueva alianza:
restaura la creación.

6. Oh Virgen de Guadalupe,
Aurora del Nuevo Sol,
alumbra nuestro camino
mostrando en tu resplandor
la luz que no tiene ocaso:
Jesús, nuestro Redentor.

Partituras, letra y acordes de «Himno a la Virgen de Guadalupe»: Haz click aquí

Juan Pablo Rojas

Juan Pablo Rojas

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3 respuestas

    1. Hola Luiz, eso es porque lamentablemente solo contamos con el audio del coro y no de los solistas que debieran aparecer antes.

  1. I love this hymn. Every time I hear it I’m very remove buy it . I very much would love to hear an English rendition of it. I live in St. Paul , Missouri and would love our parish to hear this in Spanish and English . An even better for our choir to sing it . Is there a way this can be done ? Is there already an English version of by hymn?

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