Adoro te devote canto canción
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Adoro te devote | Música católica

Letra: Santo Tomás de Aquino
Música: Anónimo
Adaptación y producción : Fundación Canto Católico

Este hermoso poema fue compuesto por santo Tomás de Aquino en el siglo XIII a petición del Papa Urbano IV para la solemnidad del Corpus Christi. Contiene siete estrofas que hablan del misterio de la Eucaristía: Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre, se da como alimento en el pan y en el vino. Los sentidos no lo saben. Sólo la Fe lo puede percibir. Desconocemos cuándo fue musicalizado; permanecerá en el anonimato la identidad del compositor que le regaló a la Iglesia uno de los cantos más importantes de su tradición litúrgica.

El proyecto de hacer un arreglo que conserve el espíritu original de la canción, pero que a la vez sea capaz de revitalizarla en el contexto del siglo XXI, supuso un gran desafío. Para llevarlo a cabo con éxito, nos pareció imprescindible conservar intacta la melodía original. De este modo, cualquiera que conozca de antemano este canto sabrá reconocer inalterado el inconfundible trazo maestro que ha resonado durante siglos en los templos del catolicismo.

Una de las decisiones más importantes fue la de proponer una nueva armonización de la melodía. En cierto modo, armonizarla implicaría ya cierta traición a la composición original, pues canto gregoriano fue compuesto para ser cantado al unísono y a capella, es decir, sin acordes. Sin embargo, siguiendo el consejo del Señor, hemos intentado «sacar del cajón cosas viejas y cosas nuevas» (Mt 13, 52), cuidando velar por la continuidad con el pasado, sin desconocer la novedad de nuestro tiempo. El primer aspecto está representado por el uso del latín, lengua en que fue compuesto el poema, y por el uso del órgano, instrumento tradicional de la liturgia romana. El segundo aspecto está representado por la incorporación de la guitarra, instrumento que fue admitido en la liturgia hace menos de un siglo, por el uso del ensamble de cuerdas, y por la técnica vocal de los cantantes, que es más bien popular.

También la armonía recoge ambos aspectos. Las tres primeras exposiciones del tema son acompañadas por acordes propios del clasicismo. La cuarta exposición, en cambio, recurre a una técnica más moderna: la melodía transita por las tensiones del acorde, produciéndose una sonoridad más cercana a lo modal. Ya desgastada la melodía tras cuatro exposiciones, se recurre a un cambio de tono mediante un puente modulante, basado en el último gesto de la melodía y del poema: te diligere, «que te ame». Este contrapunto remata en un intervalo triunfante que ejecutan los solistas, acompañado de la entrada del coro en la nueva tonalidad. La modulación es un elemento moderno, que ayuda a la sensibilidad contemporánea a mantener la atención, en contraste con la sensibilidad monacal, que no requiere de modificaciones exteriores para guiar la concentración hacia la riqueza oculta de las cosas simples.

La quinta exposición es además adornada por un contrapunto de dos contra uno: el órgano ejecuta dos corcheas por cada negra del coral. Con ello, se constituyen dos capas rítmicas, que producen en el oído una sensación de velocidad y grandiosidad. Esto no es contemporáneo: es propio del renacimiento y del barroco, llegando a su cumbre en la inspirada pluma de Bach.

La sexta exposición, instalada ya en la nueva tonalidad, exhibe una conformación instrumental totalmente nueva: la melodía se sostiene sólo sobre las cuerdas. A su vez, la armonía profundiza la modernidad inaugurada por la cuarta exposición. La primera mitad de la propuesta consiste en un pedal, sobre el cual desfilan acordes tensos y coloridos, que dan el último refresco armónico del arreglo. La segunda mitad reitera el patrón gradual descendente de la cuarta exposición.

La séptima y última exposición comienza sobre la misma nota que termina la sexta exposición, produciéndose un traslape muy común en la música del siglo XX. Esta vez se vuelve a la simpleza de la primera exposición: una armonía más clásica mueve las cuerdas de la guitarra acompañando la voz del solista. Se produce así la sensación musical de regreso al origen, que es plenamente coherente con el contenido poético de la estrofa: si la primera estrofa decía que Jesús estaba oculto en el pan, la última anuncia que este mismo Jesús oculto ahora puede ser visto, gracias a los ojos de la fe.

Fiel a la tradición gregoriana, el arreglo rescata el «amén» con el cual culminan los cantos gregorianos. En estos tiempos, caracterizados por la dificultad del hombre para confiar en la presencia del Dios Vivo, le rogamos al Señor que nos permita creer «aún sin haberlo visto» (Cf. Jn 20, 29) y que nos regale, como a los peregrinos de Emaús, reconocerlo en la fracción del pan (Lc 24, 31). Así sea.

Adoro te devote

Adoro te devote, latens Deitas,
Quae sub his figuris vere latitas:
Tibi se cor meum totum subiicit,
Quia te contemplans totum deficit.

Visus, tactus, gustus in te fallitur,
Sed auditu solo tuto creditur.
Credo quidquid dixit Dei Filius:
Nil hoc verbo Veritatis verius.

In cruce latebat sola Deitas,
At hic latet simul et humanitas;
Ambo tamen credens atque confitens,
Peto quod petivit latro paenitens.

Plagas, sicut Thomas, non intueor;
Deum tamen meum te confiteor.
Fac me tibi semper magis credere,
In te spem habere, te diligere.

O memoriale mortis Domini!
Panis vivus, vitam praestans homini!
Praesta meae menti de te vivere
Et te illi semper dulce sapere.

Pie pellicane, Iesu Domine,
Me immundum munda tuo sanguine.
Cuius una stilla salvum facere
Totum mundum quit ab omni scelere.

Iesu, quem velatum nunc aspicio,
Oro fiat illud quod tam sitio;
Ut te revelata cernens facie,
Visu sim beatus tuae gloriae.

Amen

Adoro te devote (traducción al español)

Te adoro con devoción, Dios escondido, 
que estás aquí verdaderamente, oculto bajo estas apariencias.
A Ti se somete mi corazón por completo, 
pues al contemplarte cae rendido totalmente.

Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto, 
pero basta el oído para creer con firmeza. 
Creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:
nada es más verdadero que esta Palabra de verdad.

En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, 
pero aquí se esconde también la Humanidad.
Sin embargo, creyendo y confesando ambas cosas,
pido lo que pidió el ladrón arrepentido.

No veo las llagas como las vio Tomás,
mas como él te llamo: «Dios mío». 
Haz que siempre crea más en Ti,
que espere más en Ti, y que te ame cada día más.

¡Oh Memorial de la muerte del Señor! 
Pan vivo que das vida al hombre: 
concede a mi alma que viva de Ti 
 y que siempre saboree tu dulzura.

Oh Señor Jesús, Pelícano bueno, 
límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, 
de la que una sola gota puede liberar 
de todos los crímenes al mundo entero.

Oh Jesús, a quien ahora contemplo entre velos,
te ruego que se cumpla lo que tanto ansío:
que al mirar tu rostro cara a cara, 
sea eternamente feliz con la visión de tu gloria.

Amén

 

Fuente: Aciprensa [modificada]

Partituras, letra, acordes y audios de cada voz de «Adoro te devote»: Haz clic aquí

Juan Pablo Rojas

Juan Pablo Rojas

Director musical | Fundación Canto Católico

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